QUIENES FUERON Y QUE HICIERON

 

Entre 1951 y 1960 el Teatro Escuela Fray Mocho dirigido por Oscar Ferrigno generó un punto de inflexión en el teatro Hispanoamericano surgiendo como una expresión latinoamericana y singular de la estética vanguardista francesa de la pos guerra de 1945. 

Sobre esa base y mucho antes de que se expandieran por los países de habla hispana, Ferrigno incorporó elementos del teatro italiano (tanto de la tradición de la Commedia dell’ Arte como de la vanguardia de esa época), así como del teatro de Bertholt Brecht 

Sus aspectos distintivos fueron la economía absoluta de medios escénicos (tanto en la escenografía como en el vestuario) y la expresividad extrema de los movimientos corporales, sin apartarse del texto como base de sustentación para el soporte de una dramaturgia con sentido ideológico y político. Este bagaje estético y teórico dramático fue una herramienta que puso al servicio de la construcción de un Teatro Nacional Popular con la perspectiva del TNP de Jean Vilar pero con una fuerte impronta local y folklórica en un sentido antropológico. La obra “Los casos de Juan el Zorro” de Bernardo Canal Feijóo aportó el bagaje de tradición popular agraria con una fuerte impronta indígena y el sainete “Los Disfrazados” de Carlos Pacheco la base popular urbana de Argentina que dio sustento al tango.

 Sin embargo su repertorio era tan variado y ecléctico que incluía obras de la tradición nöh del Japón, textos clásicos del teatro francés como los de Moliere y modernos como “La gota de miel” de Chancerel. En este último caso, un alegato antibélico de apenas doce minutos que fue una verdadera insignia del grupo y un punto de referencia para concentrar en ella todas las innovaciones estéticas alcanzadas en ese momento.   

 Ferrigno y su grupo buscaron y lograron la integración total entre un teatro itinerante y de vanguardia, con público popular y diverso en sus culturas, la escuela formativa, la investigación y la difusión teórica con publicaciones periódicas, aportaron al desarrollo de una nueva dramaturgia con autores que se sostuvieron en su grupo y la organización nacional de una corriente cultural dramática.

 Todo esto en un período complejo de la historia Argentina en donde el conjunto de teatros independientes entre los cuales Fray Mocho era un fuete punto de referencia, tuvieron una perspectiva de confrontación con los gobiernos de Juan Perón. Luego fueron testigos no imparciales de su derrocamiento, con elementos de guerra civil, y soportaron las consecuencias de los gobiernos militares-civiles posteriores que lejos de mejorar la situación de la cultura y las libertades democráticas, las empeoraron. 

El Teatro Fray Mocho de Ferrigno sufrió los avatares de las presiones políticas de la época y en particular las consecuencias de las orientaciones que en ese momento llevó adelante el Frente de Artistas e Intelectuales del Partido Comunista bajo responsabilidad de Héctor P. Agosti. Luego del retiro de Oscar Ferringo el teatro cayó en una progresiva decadencia hasta su desaparición total posiblemente hacia mediados del año 63 o principios del 64. Desde entonces y durante muchos años el silencio y la bruma cubrieron su naufragio. 

En 1998 el Instituto Nacional del Teatro publicó un enorme trabajo de Estela Obarrio, una de sus Fundadoras y esposa en esos años de Oscar Ferrigno, “Historia de una quimera emprendida”, en el cual concentró datos obtenidos de archivos que se rescataron de distintas manos, cartas, textos, referencias documentales diversas, críticas. En definitiva un compendio insustituible para saber quiénes fueron y qué hicieron. Pero sobre el Teatro Escuela Fray Mocho es posible escribir y desarrollar innumerables pistas y aspectos por la dimensión y profundidad de su obra. 

 Esta página web es parte de un Proyecto mas amplio que tiene el sentido de Recuperación de Memoria que incluye un libro y registros de audio y fílmicos de los protagonistas desde el teatro mismo y desde sus espectadores.

 Esperamos con ello lograr a que la Memoria de una empresa de estas dimensiones no quede sumergida como restos de un naufragio sino que afloren sus luces y sus calidades para beneficio de todos los que consideran al teatro y a la cultura, como ellos mismos lo concibieron, una herramienta para que todo lo bello sea posible para todos los hombres y mujeres del pueblo.

 Marcos Britos

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